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Lo mejor para tu bebé

La Lactancia materna y sus secretos




Sabemos que, cuando damos el pecho a nuestros bebés, les estamos ofreciendo el mejor de los alimentos: la leche materna no sólo cubre todas sus necesidades sino que es el único alimento que necesitan durante los primeros seis meses de vida. Y también tenemos constancia de que un buen inicio es fundamental para su consolidación y duración. 

En este sentido, las primeras tomas son fundamentales. Para asegurar el éxito, se necesita el compromiso de padres, familiares, amigos, profesionales e instituciones sanitarias, de modo que, entre todos, podamos facilitar las cosas a estos sorprendentes y maravillosos recién nacidos ya sus madres. 

Pero cómo podemos ayudarles? Sin banda ni música de fiesta Generar unas buenas condiciones durante el parto es el primer paso que ayudará a que la madre pueda dar el pecho a su hijo. 

Para ello, hay que cuidar el entorno en que tiene lugar: la temperatura debe ser la adecuada y no debe haber corrientes de aire, mientras que la luz debe ser suave e indirecta. 

Todo ello, para crear un ambiente tranquilo, sin demasiada gente ni ruido y en el que se hable en voz baja o en silencio, con todo el respeto hacia la madre y su pareja, pero, sobre todo, hacia la criatura que está naciente. 

Conviene no olvidar que abandona el útero materno y se enfrenta a una temperatura más fría, a unas luces que molestan y deslumbran, unas voces o ruidos demasiado fuertes para aquello a lo que estaba acostumbrado y unos tejidos que le resultan ásperas; un entorno, en definitiva, muy diferente al hasta ahora conocido.

 Así, pues, ofrecerle la mejor recibida supone esforzarnos un poco más todos, tanto los padres, como las familias y los profesionales, al entender las necesidades básicas de la criatura recién nacida. 

En general, las necesidades del bebé quedan cubiertas si, justo después de nacer, la secamos con toallas calientes y lo colocamos desnudo en contacto piel con piel con su madre.

También es importante cubrir la espalda con un paño caliente y la cabeza con una gorra. Y, durante al menos los primeros setenta minutos de vida, la observaremos sin molestarlo ni separarlo de su madre. Esto le ayudará a sentirse seguro, en un ambiente conocido, cerca del latido de su madre y escuchando su voz. 

También le permitirá regular su temperatura, perder menos energía, colonizar con la flora materna y no con la del hospital y sus profesionales sanitarios -para la primera tendrá defensas-, y vincularse con su madre. 

Así, podrá iniciar la lactancia materna de la mejor manera posible. Los profesionales sanitarios sabemos lo difícil que resulta en estos momentos controlar los deseos de coger al bebé, acariciarlo y hablarle, así como de celebrar el nacimiento y compartirlo con familiares y amigos. 

Pero siempre digo que es precisamente entonces cuando no tenemos que sacar la banda de música en la calle ni celebrar el evento en el bombo y platillo, más bien al contrario: la banda sonora debe ser una música suave, una canción de cuna, un adagio, el silencio. La criatura recién nacida necesita mucha tranquilidad para poner en marchar sus conductas instintivas, que le ayudarán a iniciar correctamente la lactancia materna, y éstas son muy sensibles a las influencias externas. 

Así que, familiares, amigos, e incluso personal sanitario: dejamos la madre y el recién nacido tranquilos y no los molestamos, hay tiempo para todo.

La importancia del contacto piel con piel

En estos momentos, debemos observarlo pero sin molestar, ver que su nariz queda libre para respirar y fijarnos en su coloración, tono muscular, movimientos y estado de alerta. En resumen, comprobar que está despierto y que respira sin dificultad. 

El personal sanitario seremos los que realizaremos esta observación, pero también es muy importante que el padre o familiar que acompañe la mujer esté pendiente de la madre y de la criatura y los observe a los dos.

El contacto temprano piel con piel reportará claros beneficios tanto a la criatura como la madre: favorece los resultados de la lactancia materna, ayuda a la estabilidad cardiorrespiratoria ya disminuir el llanto, mejora la oxigenación y reduce el gasto energético.

Además, aumenta el nivel de oxitocina materna y esto hace que disminuya la sangría del útero después del parto y que se favorezca el vínculo afectivo entre la madre y su hijo o hija, lo que facilita la recuperación y el desarrollo de comportamientos maternales

La primera toma de leche

Si no los molestamos, la mayoría de los recién nacidos que son colocados piel con piel con sus madres son capaces de aferrarse al pecho y realizar una toma correcta en la primera hora de vida. 

Este es, sin duda, el mejor de los inicios para una satisfactoria lactancia materna. Somos conscientes de que estas primeras horas de vida, cuando el recién nacido está despierto y tranquilo, son el mejor momento para iniciar la lactancia, ya que después se dormirá durante varias horas.

Pero en algunos casos hay que tener paciencia: justo recién nacidos, algunos recién nacidos lloran o se quedan tranquilos entre el pecho de su madre, abren los ojos, empiezan a moverse, se familiarizan con el entorno, se lamen el puño, rozan el pecho de su madre, gatean y se acercan al pecho preparándose para aferrarse a ellos y, finalmente, succionar.

Por lo tanto, hay que ser muy respetuosos con los tiempos que el recién nacido necesita, sin precipitarnos, sin quitarle el puño de la boca y sin "colocarlo en el pecho" antes de tiempo.

No obstante, si no lo consigue y se pone nervioso puede que necesite una pequeña ayuda de la madre para dirigirlo hacia uno de sus pechos. Hay que tener en cuenta que la criatura recién nacida tiene un sistema inmunitario inmaduro, y la leche materna es muy importante para fortalecerlo y protegerlo ante las infecciones. Por lo tanto, cambia de posición y volumen adaptándose a las necesidades de los lactantes.

En el caso de los primeros días, por ejemplo, el pecho produce calostro en cantidades pequeñas, adaptadas al volumen del estómago del recién nacido y con abundantes inmunoglobulinas (defensas) y proteínas para cubrir las necesidades nutritivas de esta primera etapa.  

Los primeros días en casa y la lactancia materna

Si la primera toma se ha producido en las primeras dos horas después del parto y ha sido satisfactoria, ya tenemos mucho trabajo hecho. En caso contrario, intentaremos que lo haga lo antes posible, y para ello mejor que la madre y el bebé permanezcan en íntimo contacto piel con piel mientras puedan. 

No obstante, debemos tener en cuenta que, pasadas las tres o cuatro primeras horas siguientes al nacimiento, el recién nacido entrará en un periodo de sueño que le puede durar más de doce horas. 

Por lo tanto, lo ideal es que madre y bebé permanezcan juntos, dejando que mame a la primera señal de hambre y sin esperar a que llore o se enfade. Su estómago ahora es muy pequeño y necesitará mamar frecuentemente, por lo que, pasado el período de sueño del primer día, puede pedir cada hora o cada hora y media, hacer dos tomas casi seguidas y, después, descansar un poco. 

Es importante asegurarnos un mínimo de ocho horas al día y, en bebés pequeños de menos de tres kilos y / o nacidos antes de tiempo, habrá que airear un poco y ofrecerles el pecho si se están tres horas sin pedir . Hay que recordar que no es necesario ofrecer los dos pechos en cada toma, más bien al contrario, conviene vaciar bien uno y, en la siguiente, ofrecer primero el otro. En cuanto a la posición adecuada para amamantar, los manuales hay una pila, pero podríamos decir que deben basarse en dos ideas: la primera, que la madre y el bebé estén cómodos.

Así, se aconseja que la mujer tenga la espalda apoyada, y los pies y los brazos en reposo, y que la criatura no tenga que torcer el cuello para coger el pezón. La segunda recomendación es que la posición facilite una buena unión.

En este sentido, tal vez durante los primeros días son más cómodas las posiciones en que la madre está tumbada de lado con el bebé paralelo, abdomen contra abdomen, pero cada binomio madre-bebé debe encontrar la suya.

Con respecto a esta unión, debemos tener en cuenta que la boca del bebé no lame, sino que mama, ordeña con la boca abierta y los labios hacia fuera para abrazar la areola, con las mejillas hinchadas y con movimientos rítmicos. 

En caso contrario, cuando lame en vez de succionar, puede dañar el pezón y ocasionarle dolor y grietas. 

En estos casos, será mejor retirarlo del pecho -se puede introducir un dedo en su boca para que suelte el mugró-, e intentar que abra bien la boca para que haga una buena unión. Por eso es importante no ofrecer chupetes ni tetinas al bebé hasta que la lactancia esté bien instaurada: le podrían crear confusión entre la forma de engancharse al pecho y de lamer.