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Lo mejor para tu bebé

29

Dic. 2015

Embarazo

El Significado de los nombres

Hay algunas cosas especialmente espinosas durante el embarazo. Y no nos estamos refiriendo, ni mucho menos, a las pruebas médicas que hay que superar durante las 40 semanas que dura la gestación. Ni tampoco a los comentarios, consejos y sugerencias que hay que soportar de todos, nos conozcan o no. Uno de los hitos más complicadas es elegir el nombre que llevará la criatura. Tan difícil es que hay quien decide el nombre en el último momento, con la primera contracción, una vez ve la cara del bebé o, incluso, unas cuantas horas después de que ha nacido.


Aquí tenéis una recopilación de ideas para llegar a un acuerdo antes de verle el naricita.
Consulte un libro de nombres y haga una lista con vuestros preferidos. Posteriormente, sólo os quedará descartar los que menos os gusten.


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Hay muchos factores que pueden ayudar a elegirlo: su significado, que alguien de casa se dijera antes, ...

Sus apellidos también pueden condicionar el nombre que elija. No recorréis en rimas, que son mejores para la poesía. Por apellidos largos van bien nombres cortos y viceversa.

Escriba la combinación en un papel y léalo varias veces para comprobar cómo queda.
Y, sobre todo, no pierda la calma y os obsesionéis con el nombre del bebé. Seguro que hay un momento mágico, una canción, una película, una conversación o un amigo que te inspira.

La elección del nombre de un bebé ha dejado de ser una cuestión puramente mecánica donde el peso de la tradición familiar se convertía en el factor decisivo, para alcanzar una manifestación de carácter social y cultural en su sentido más amplio. 

Cabe decir que el estudio de los nombres y apellidos dio lugar a la aparición de la onomástica, una disciplina científica que trata de interpretar los usos de los nombres en el marco de las corrientes de pensamiento, de las creencias religiosas o costumbres locales profundamente arraigados con el tiempo, por lo que saber el significado de los nombres.es muy importante.

Para conocer los nombres que ponían nuestros antepasados ​​hay que recurrir a los archivos municipales, eclesiásticos, notariales y el Registro Civil, principalmente. 

En este sentido las fuentes documentales más útiles son los antiguos fogajes -cada casa era considerada un fuego, y se relacionaba usualmente el nombre y apellidos de la cabeza de familia-, los padrones de habitantes y los censos de población y, sobre todo, los registros parroquiales de bautizos, bodas y óbitos, donde aparece una gran pluralidad de nombres que permite captar la evolución a lo largo del tiempo. 

Es un inconveniente el hecho de que muchos documentos sólo mencionaran el nombre de los jefes de casa, y por lo tanto es más fácil seguir los nombres masculinos que los femeninos.

La onomástica se ocupa de los nombres propios, básicamente su contexto histórico y su origen etimológico. La onomástica es de hecho una disciplina auxiliar de la historia y en este contexto se suele dividir en:

  • Antroponimia que incluye el estudio de los nombres de pila y los apellidos, que, si son nobles, son estudiados por la heráldica.
  • Toponimia que incluye el estudio de los nombres de regiones, ciudades, hidronímico y otros topónimos especiales.
La onomástica en general, y más específicamente la antroponimia o estudio de los nombres propios de persona, y toponimia que se refiere a los nombres propios de lugar, es una rama de la lexicología que estudia los nombres propios con sus orígenes y significado, haciendo servir para hacerlo métodos comunes a la lingüística, y también investigaciones históricas y antropológicas.

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